miércoles, 5 de noviembre de 2008

Un sorbo del mate de la buena vida.


Jamás pensé que en un par de días podría solucionar lo que me había consumido los últimos 5 meses de la vida…
Fue tan cierto como que lo esencial es invisible a los ojos… Y de pronto ya estaba allí; asustadísima con mis gigantes ojos frente a él; encubierta por los filtros de unos lentes con más de 60 años de vida… Observando cada unas de sus palabras, atentamente, murmurando en cada uno de sus movimientos monosílabos que por inercia nacían embelesadas por la emoción; los sentimientos florecían y se desbordaban sin esfuerzo alguno… Cada letra pronunciada con delicadeza o quizás normalidad provocaba que mi alma se abriera de par en par sin temor a que las lágrimas empaparan todo, o bien que las carcajadas opacaran la circunstancia…
Instantes melodramáticos, miradas profundas colapsadas de un todo que no tenía explicación… Allí había encontrado un trozo de mí que calzaba tan bien que temía dejarlo ahí con aquella vida tan incierta y misérrima que él llevaba (y que para nada lamentaba, ufff, él si sabía de sobrevivir). Finalmente comprendí que un jugo en caja en realidad vale mucho… Sobre todo cuando hay días en que no te llevas nada en los bolsillos y debes recurrir a lo que te llevas en la mente y en los sentidos para no decaer… (Fue así como me lo explicaste?)
Debía hacer algo por él… Estaba escrito nuestro encuentro, lo supe al momento de enfrentarme con sus ojos difuminados por las vivencias tempranas que nos albergan cuando la vida se torna un conjunto de eventualidades fortuitas donde el comer o beber pasan a un segundo plano…
Poco a poco fuimos cediendo y percatándonos de nuestras necesidades (eran, por cierto, muy distintas). Me mostró que mi necesidad estaba para mejores cosas que para la solución que yo las encausaba; y así lo pude comprender; aunque a duras penas por la contraria visión que llevaba antes de conocerle…
Me dieron vuelta la cabeza como jamás me había sucedido, su armónica voz imitaba la pacificidad del Nahuel Huapí que me acompañaron al día siguiente en el tour con mis compañeras…
Sus ojos son los que aún se hacen presentes cuando logro conciliar el sueño; su aroma a yerba y aquel destemple del alambre metalizado de colores con los que sus manos se desarmaban; su cuerpo descansado y cálido por el efecto del sol directo en su puesto de artesanías… Un trío de clavas multicolores pesadas de historia y vacías de caídas… Aquel místico equipaje, adornado con banderas que exclamaban independencia y libertad; bolsas de géneros de llamativas tonalidades que se escurrían entre mis manos…
En síntesis, el alma se me alborotó en tan solo tres días de vivencias en el verdadero mundo, con mi primer hombre del verdadero extremo, de verdaderos sentires, de verdaderos suspiros y concepciones…
Solo sé que debo volver aquel lugar a buscar lo que según él; nos asentaría mucho mejor… Siento lo que hago, hago lo que siento y lo comunico; lo expreso y lo difundo… Ya no temo; comprendí que las decisiones que pronto vienen son solo un paso más allá… Lo que me alienta, lo que siempre he buscado, lo que nunca hubiese pensado, ya está en mí… Con ese trozo INFINITO de dulces mieles, ya puedo seguir inmersa en la realidad irreal.

Gracias L. B., gracias por la vida compartida en medio de aquel mate que jamás se sintió mejor; gracias por dejarme entrar en lo que casi vivía y aún no conceptualizaba…
(Ya estás aquí, lograste sentirlo y así es en realidad).

1 comentario:

Sal dijo...

formidable! =)